¿voto programático e ideológico?
Eduardo A. Rojas Migueles
“Los electores deben tener la capacidad para seleccionar representantes de manera independiente de los partidos políticos” (Bernard Manin)
1. Introducción
El tradicional nexo entre los partidos políticos y la sociedad parece estar en crisis, esto conlleva la crisis de la tradicional forma de funcionamiento del gobierno representativo[1] moderno. Hoy cada vez más personas niegan sentirse identificadas con algún partido político y existe un éxodo de votos entre una elección y otra (Manin, 1998). Al parecer, los electores hoy se fijan más en las características personales de los candidatos que en el partido que representan, del mismo modo en que ha ido perdiendo importancia la ubicación, tanto del elector como del candidato, en el esquema social a la hora de efectuar el sufragio.
El estudio del comportamiento electoral tiene una inmensa importancia, por cuanto busca explicar el cómo, por qué y por quién votan los electores en una elección determinada. Para este propósito, la literatura sobre comportamiento electoral y mucha de la literatura sobre competencia partidista ha estado dominada por análisis que asumen a votantes programáticos o ideológicos (Torcal, 2005). Sin embargo, al parecer, estos modelos teóricos estarían olvidando o subestimando ciertas racionalidades que motivarían a los votantes en el ejercicio del sufragio.
Más allá de rebatir o comprobar la afirmación de Manin, lo que se pretende es problematizar el tópico que encierra, a saber: que los electores deben ser capaces de desligarse de componentes ideológico-partidistas a la hora de elegir a sus representantes[2]. Esto se realizará a partir de la presentación de dos modelos teóricos de comportamiento electoral: 1) Teoría de Clivajes de Lipset y Rokkan; y 2) Modelos espaciales (modelo direccional y de proximidad). Luego se pretende mostrar que, a pesar de su tremenda utilidad a la hora de explicar el comportamiento electoral de los individuos (principalmente en las democracias industriales), dejan de lado o subestiman ciertos elementos explicativos precisos.
2. Modelos teóricos
La teoría de clivajes de Lipset y Rokkan (Lipset & Rokkan, 1967), sirve tanto para explicar el surgimiento y evolución de los partidos políticos, como para explicar el comportamiento electoral de los individuos. Esta teoría plantea que las fuerzas políticas (explicitadas en los partidos) surgen y evolucionan de acuerdo a las características societales de los grupos que las sustentan. Existirían tensiones al interior de las sociedades que condicionarían el quehacer político, constituyendo “bandos” que se oponen en torno a temas (o divisiones) centrales (e. Realistas / independentistas, Burgueses/ proletarios, laicos/ eclesiales, etc.). Esto asume, también, que los votantes identificarían sus intereses sobre la base de su posición sociológica (clase, religión, etnia o nacionalidad y residencia urbana o rural)(Torcal, 2005).
Así, los partidos políticos – ideológica o pragmáticamente – basarían su funcionamiento en determinados sectores de la sociedad, del mismo modo en que los individuos preferirían a ese partido basándose en intereses que surgen de su propia posición en el esquema social.[3]
Los modelos espaciales parten de la base de que el elector posee una identificación en el eje ideológico Izquierda-Derecha y, además, el elector es capaz de situar al candidato o partido en el mismo eje. De esto se sigue que el elector vota a aquel candidato o partido que se sitúe lo más cerca posible de su auto-identificación en el eje (modelo de proximidad) o a aquel candidato o partido que se acerca más – en el mismo eje – a la posición que el elector tiene sobre ciertos temas que privilegia (modelo direccional).[4] Para ambos modelos el elemento ideológico sirve y motiva la decisión electoral.
3. Elementos no tomados en cuenta por estas teorías
Si bien estas teorías sirven muy bien para explicar los “movimientos normales” de un elector, olvidan o subestiman tres aspectos que, a juicio de Torcal y Mainwaring (2005), serían centrales. Son tres racionalidades no ideológicas y no programáticas que (además de las antes mencionadas) motivarían a los electores a la hora de votar.
Primero, Los votantes pueden elegir sobre la base de promesas clientelares. Privilegiando sus intereses materiales, un elector puede votar a un candidato más alejado – ideológicamente – de su posición que su contendor. Si el elector tiene la certeza de que crecerán sus bienes particulares mayormente con el candidato X que con el candidato Y, el elector votará al candidato X.
Segundo, Los votantes pueden elegir por las características personales del candidato. Sin tomar en cuenta la posición ideológica o la posición en el esquema social, el elector puede elegir a un candidato por su carisma o simpatía. Este punto puede ligarse muy fácilmente con la forma en que hoy se desarrollan las campañas electorales, pues éstas se basan en la presentación del candidato en los medios de comunicación y en la explotación de sus potencialidades en términos de imagen. Así, el elector se identifica más con el personaje que con el partido que representa.
Tercero, Los votantes pueden evaluar el desempeño gubernamental más que las posiciones ideológicas de un candidato o partido. De este modo, el elector puede evaluar – por ejemplo – el desempeño económico de un gobierno que no se acerca a su posición en el eje ideológico, sin embargo si la evaluación es buena, es muy probable que vote mantención. Este punto puede ser ligado, a su vez, con la evaluación de contexto que haga el elector, pues el voto puede ser la representación de un rechazo o aprobación (e. Las elecciones generales españolas, luego de los atentados de Atocha) en la contingencia.
4. Otras consideraciones
Aunque pudiera argüirse que el hecho de que los electores puedan elegir conforme al desempeño implique una fuerte Accountability, puede mostrarse que en ciertos casos (principalmente semi-democracias o democracias de países en vías de desarrollo) las percepciones del electorado – respecto a la gestión de sus representantes – son manejadas y/o ocultadas (o bien exageradas), lo que genera vicios que niegan la responsabilidad electoral de los representantes y, de cierto modo, la racionalidad de los electores.
Asimismo, puede plantearse que es más frecuente el voto personalista en regímenes presidencialistas que en regímenes parlamentarios (también en países menos desarrollados), dado el fuerte influjo de los medios de comunicación en la construcción de candidatos[5] y, también, la farandulización de lo político. Aunque esto no es exclusivo de los países en vías de desarrollo, es necesario decir que la mayoría de los países desarrollados tienen regímenes parlamentarios y muchas democracias, y semi-democracias, del mundo menos desarrollado tienen regímenes presidenciales. Además podemos agregar en este apartado el fenómeno clientelar que es característico del mundo menos desarrollado, encontrando eco en los electores que se encuentran en condición deficitaria y en contextos de campañas y competencia electoral poco regulada.
5. Conclusiones
Se han presentado, aunque de modo muy superficial, los dos modelos explicativos más difundidos y validados de comportamiento electoral (Clivajes y Competencia Espacial) y luego se han mostrado tres racionalidades no programáticas y no ideológicas que pueden motivar a los votantes. Esto, dejando ver que las dos teorías previamente vistas subestiman ciertos aspectos que sirven para explicar el comportamiento electoral en ciertos casos.
De partida, se puede concluir que las teorías mostradas sirven más que nada para explicar los fenómenos electorales en los países más desarrollados y, por situaciones concretas, no servirían (al menos en su totalidad) para explicar el comportamiento electoral en las democracias y semi-democracias de los países menos desarrollados.
Podemos concluir, además, que la mediatización de lo político influye en la decisión electoral, pues personaliza el voto. Esto se ve claramente aumentado en países con bajos niveles de enraizamiento del sistema de partidos.
Si bien es claro que los electores deben tener (y tienen)la capacidad de elegir a sus representantes independientemente de los partidos políticos... ¿es más conveniente que se mantengan los criterios ideológicos y programáticos o es preferible que el elector se desligue completamente de estos criterios?
6. Bibliografía
Godoy, Oscar (2001), ‘Representación y democracia’, Revista de Ciencia política (PUC), Vol.XXI Nº2, Stgo, Chile.
Manin, Bernard (1995), ‘La democracia de los modernos. Los principios del gobierno representativo’, en Revista Sociedad (UBA). Trad. Clara Jiménez
Manin, Bernard (1998), ‘Principios de Gobierno Representativo’, Alianza Editorial, Madrid.
O’Donnell, Guillermo (1993), ‘Delegative Democracy?’, Kellogg Institute for international studies, Working paper #192.
Rehren, Alfredo (2000), ‘Clientelismo político, corrupción y reforma del Estado en Chile’, Centro de Estudios Públicos, Documento de Trabajo Nº305
Scully, Timothy (1990), ‘Reappraising the role of the center: The case of the chilean party system’, Kellogg Institute for international studies, Working paper #143
Torcal & Mainwaring (2005), ‘Party system institutionalization and party system theory after third wave of democratization’, working paper #319.
Westholm, Anders (1997), ‘Distance Versus Direction : The Illusory defeat of the Proximity theory of electoral choice’, American Political Science Review
[1] Para Gobierno representativo, ver: Godoy, Carlos,’Representación y democracia’, en Revista de Ciencia Política, V.XXI Nº2, 2001; y O’donnell, Guillermo, ‘Delegative Democracy?’, en Kellogg Institute working papers series, #192, 1993.
[2] Esto no significa que no deban votar en base a un compromiso con una ideología o partido, sino que deben tener la capacidad de abstraerse en ciertas circunstancias de estos elementos.
[3] Se recomienda ver a Scully, Timothy, ‘Repraising the role of the center: the case of the chilean party system’, working paper #143, 1990. en Kellogg Intitute.
[4] Ver Westholm, Anders, ‘ Distance Versus Direction : The Illusory defeat of the Proximity theory of electoral choice’, American Political Science Review, 1997. Google search
[5] Ver: Rehren, Alfredo, ‘Clientelismo político, corrupción y reforma del Estado en Chile’, Centro de Estudios Públicos, Documento de Trabajo Nº305, Junio 2000.
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